Ejercitando el Libre Albedrío

En este blog se presentan relatos de cuatro o cinco capítulos. En algunas ocasiones, al final de los mismos, una encuesta permitirá delinear el rumbo de la historia. La consulta finaliza a última hora de cada Viernes, y la nueva publicación aparece el Domingo.


24 de febrero de 2008

Ad Noctum (-Final-)

“… y los que quedaron, los que fueron elegidos, caminaron sintiendo que la muerte bordaba puntillas al borde de sus pasos. Y se reunieron en lo alto, y respiraron esperanza. Y construyeron un mañana. Pero la noche se hizo presente, y la muerte filtró las murallas, y uno a uno fueron cayendo. Y todo fue silencio, y …”

El 11 de Agosto de 2025, nómades y bárbaros, sitiaron Nueva Gaia.

Durante seis meses las murallas resistieron el embate de grupos armados que se sucedían unos a otros en el intento de conquistar el último páramo de civilización al sur del Ecuador. Dentro, como fuera, ciudadanos y aspirantes, lucharon hasta el último aliento defendiendo lo que creían la última esperanza de un mundo de Progreso, Ley y Orden.

El 23 de Enero de 2026, debilitados los controles por el constante asedio, un portador de la Zafira logró penetrar dentro de la ciudad. Dos semanas más tarde, el 75% de la población había muerto y el resto se había rendido a una fuga migratoria sin destino. Habiéndose contado entre las primeras bajas, la del Líder Augusto Villanueva, muchos se sintieron perdidos y sin rumbo.

Dejo en este pergamino, el relato de lo que he presenciado. Por delante, no hay más que caminos estériles por donde la muerte nos recordará a cada instante, nuestra estupidez e insignificancia.

Si algún día, algo de esto es sabido, que la infamia del eterno retorno, no vuelva a tener asidero; que la historia, jamás vuelva a repetirse.

“… pero la noche se hizo presente, y la muerte filtró las murallas, y uno a uno fueron cayendo. Y todo fue silencio, y Dios dijo Fiat Noctum, y la noche se hizo, para siempre.”

17 de febrero de 2008

Ad Noctum (Final - Primera Parte-)

Comencé a escuchar las voces, demasiado antes de contar con la valentía de reconocerlas verdaderas.

Al principio, sorteaba el soslayo de miradas que producían mis comentarios, simplemente, evitando hacerlos. Dejaba que fuera el tiempo, o la ignominia de la ignorancia postrera, la que me librase del “don” que tanto sufrimiento me causaba. Pero los mensajes, no se detuvieron, y comenzaron a conquistar el espacio sencillo y rutinario de mi vida diaria, a través de señales que, solo tiempo después, me atreví a reconocer como inconfundibles.

Supe entonces que la llegada del “día” estaba próxima; que la infinitud de decisiones que me separaban de aquél acontecimiento irreparable, debieran teñirse de la certidumbre absoluta de un único fin, sabido y concreto, si más no fuera, por mí. Dediqué mi vida a partir de entonces, al inagotable candor de construir las condiciones que permitiesen que aquél destino inexpugnable recibiese una bienvenida justa y apropiada; precisa, drástica y digna.

Desde ese momento, dediqué mi vida a la preparación espiritual, física, mental y material, de mí mismo; me convertí, en un medio propicio para que la voluntad de aquél que por las noches susurraba en mi vigilia, se concretase de modo tal de honrar el obsequio que se me había concedido... yo, Augusto Esteban Villanueva, daría luz a un nuevo mundo.

Amigos verdaderos, familia, pareja, se convirtieron en lujos que desprecié, siempre arropado en la certeza de un mañana en donde todas aquellas pantomimas de la supuesta vida feliz, no cabrían más que como estorbos que pudiesen definir la liturgia entre vida o muerte.

Cuando el 20 de Septiembre de 2009, el mundo quedó ciego y sordo, bajé los siete pisos que me separaban de la calle, y comencé a dar los primeros pasos del plan que había tenido casi 32 años para construir:

Atacando a un policía, me hice con la primer arma, la cual dos cuadras después utilicé para asaltar a un segundo “guardia del orden”, que en su confusión no hizo más que mirarme y salir corriendo. Con dos armas encima, me supe preparado para continuar con lo planeado.

Dos semanas más tarde, lideraba un pequeño grupo de no más de 10 individuos (tres de ellos alertados previamente de los sucesos), con los cuales emprendimos un viaje hacia el norte, utilizando el caos creciente y el desmembramiento del Estado de nuestro país, como alimento de lo que coincidimos en llamar, “Resistencia”.

Para Enero del 2010, nos habíamos granjeado el control de una pequeña localidad en las afueras de una capital provincial. Algunos de los pobladores nos recibieron como si fuéramos enviados del cielo (de algún modo, yo sabía que eso éramos, aunque aún entonces evitaba decirlo) por el simple hecho de haber restituido el orden y la seguridad. Algunos otros decidieron marcharse, y alguno que otro tuvo el infortunio de decidir enfrentarnos.

Permanecimos allí cinco años, durante los cuales el número de “resistentes”, tal como nos hacíamos llamar, creció de aquellos primeros diez creyentes de buena fe, a diez mil doscientos hombres y mujeres dispuestos a defenderse mutuamente hasta las últimas consecuencias.

El 30 de Octubre de 2015, emprendimos el viaje final.

Nueva Gaia fue fundada tres años más tarde, en una región ubicada a 2100 metros sobre el nivel del mar. Concentramos los primeros seis meses de esfuerzo, en crear una fortificación eficiente, para poder protegernos de los embates del resto de los clanes en pugna, y solo después de esto, comenzamos a abrir nuestras puertas a los viajeros.

Las condiciones de Nueva Gaia son simples, pero eficaces. Ningún nuevo visitante puede portar armas dentro de nuestras fortificaciones. Éstas deben ser entregadas como condición sine qua non para el ingreso. Solo se aceptan personas visiblemente sanas, sin defectos físicos, de nacimiento o inducidos, y capaces de colaborar efectivamente con la tarea que se les asigne. Al ingresar, permanecen durante 30 días aislados del resto de los habitantes para impedir contagios y evaluar su comportamiento; pasado ese período, todo ingresante se convierte en un ciudadano legítimo, habiente de derechos y obligaciones al igual que el resto.

A hoy, 28 de Mayo de 2023, trescientas cincuenta y dos mil personas, conformamos el último refugio de civilización, al sur del Ecuador.

10 de febrero de 2008

Ad Noctum (Cap. III)


“The monkey sat on a pile of stone and
he stared at the broken bone in his hand…”

Perfect Sense, by Roger Waters




“… Y primero fue el odio, y el odio creció sobre la tierra; germinó sobre los valles; echó raíces bajo los océanos; conquistó con sus tentáculos los cielos. Y el hombre fue su presa y su alimento; y con él, el hombre danzó sobre el fuego, y sus ojos brillaron de furia, y sus ojos se tiñeron junto a sus manos, de la esencia roja de sus semejantes. Y fue el agua la que vino a calmar la sed de sangre, y azotó la tierra, y sumergió bajo su manto la vida, y antes de volver a su cause, el agua barrió ciudades y abrió heridas por donde el odio del hombre se filtró con su ponzoña, y antes de que el silencio invadiera la estepa, hubo más fuego, y hubo peste, y el hombre comprendió que su Dios estaba presente, con la espada en su mano, y los cuerpos cayeron gimiendo, volviéndose masas pútridas en las calles, y los que quedaron, los que fueron elegidos, caminaron sintiendo que la muerte bordaba puntillas al borde de sus pasos…”

La guerra llegó con la mañana, y solo se fue cuando la noche lo había conquistado todo. Algunos dicen que a pesar de la barbarie, que a pesar del uso de armas atómicas, que más allá de las invasiones, los saqueos y las matanzas, la guerra solo se cobró la cuota de no mucho más que unas mil doscientas millones de almas. El resto, lo hizo la peste.

Hay quienes están convencidos que la Zafira, fue un castigo de Dios, incubado en el caldo infame de nuestros pecados. Otros insisten en decir que la peste fue un arma que se salió de control, aunque debo decir que no conozco ningún arma que alguna vez haya estado bajo el señorío de nadie. Una vez creada, una vez descubierta, toda arma cobra vida y se independiza de los motivos e intenciones de aquél que haya tenido la desgracia de haberla sostenido en sus manos, por primera vez.

Aquél simio, en nuestro recóndito pasado, que sostuvo primerizo y temeroso la piedra teñida con la sangre de su semejante, creó para siempre un golem que blandió a su voluntad su potencia, y se multiplicó, y se hizo dueño del destino de la estúpida criatura que le concedió su aliento.

Los que quedamos nos hemos ido congregando, a través de una romería salvaje que se ha extendido de norte a sur, y de este a oeste. Las estimaciones de los últimos tiempos, hablan de tan solo 600 millones de sobrevivientes; de 3/4 de los terrenos fértiles del mundo arrasados para siempre, producto de radiación directa, lluvias ácidas o del imperio de la peste; de tasas de mortalidad infantil superiores al 45%; de una esperanza de vida no superior a los 45 años, en los mejores casos.

La palabra extinción ha rondado nuestros silencios y resignificado nuestras miras. Muchos hemos comprendido ahora, el sentido real de aquello de la escasez, que alguna vez sentimos tan ajeno.

A lo largo y ancho del mundo habitable, pequeños clanes luchan día a día por su supervivencia, pero nosotros aquí, a las puertas de Nueva Gaia, esperamos el turno de ser elegidos para formar parte del último bastión de civilización.

Quienes logremos penetrar las murallas de la ciudad luz, nos arroparemos en la esperanza de un futuro, para nosotros y nuestros hijos. Los que no, los que sean rechazados, surcaran la noche de los tiempos, bajo el mandato de la única ley que impera en el mundo… la ley del más fuerte.

3 de febrero de 2008

Ad Noctum (Cap. II)

rte, pero después de todo, el dolor se olvida, como todo lo demás. He decidido esta noche escribirte, lo que he evitado escribir antes:

Los suministros no están llegando, y algunos de los chicos comenzaron a morir sin recibir fuego enemigo. Aquí una rasgadura en la piel, un corte, es suficiente para que la muerte comience a rodear al hombre. Desde mi trinchera los veo morir, muchas veces sin siquiera emitir un quejido. Parecen mirar el horizonte y de repente irse, como si encontraran un escape, una salida, que el resto no vemos. Te confieso que también yo he comenzado a mirar fijamente ese horizonte, pero hasta ahora, el orgullo ha podido más.

Los otros se quejan del frío. La verdad es que nunca creí que algo pudiera doler de ese modo. Pero también el frío ha sido algo bueno. Muchas veces siento que la carne no es mía, que el cuerpo no es mío, y es una manera de aliviar el peso de saberse muriendo, porque lo que muere es el cuerpo, y yo lo observo morir desde lejos.

Te extraño, mujer, pero muchas veces he intentado recordar tu rostro y no he podido; tampoco el de Verónica o Alexander. Esta guerra se ha prolongado demasiado, aunque no creo que el tiempo tenga algo que ver con tanta muerte. Un segundo en este campo debiera hacer merecedor al hombre de toda la eternidad. Y no es el miedo, o el olor pútrido que inunda las narinas. Es el no saber qué estamos haciendo, contra quien peleamos, o qué ha sido de todo lo que dejamos alguna vez atrás. La incertidumbre le hace al alma, lo que la desesperanza al cuerpo.

Valerio insiste en traer las noticias que capta en su radio. Le hemos pedido que no lo haga pero él se aferra a esa tarea temiendo que lo ejecuten como a todos los que no tienen algo que hacer. Los suministros son escasos, y esas han sido las órdenes, o al menos eso nos dicen los comandantes. Aunque muchas veces podemos ver en sus ojos que tampoco ellos saben qué están haciendo.

Hemos sabido por él, que la peste se ha esparcido. Pero confieso que las cifras ya no me dicen nada. No hay diferencia entre los 5.000 millones que nombra Valerio, y el cuerpo seco de Víctor, al lado mío. La muerte es muerte, aunque cada hombre intente darle una forma diferente para hacerla comprensible.

Esta mañana vinieron a decirnos que la peste llegó a Zalishchyky, y que ya no hay sobrevivientes. Quise creer que se equivocan, que no es posible, porque allí están Uds., y Dios no podría hacerme eso. Pero Dios no grita presente, últimamente, cuando el comandante toma lista.

Quizá por eso acepté ocupar el puesto de Víctor en el frente. Esta noche se espera resistencia, y creo que ha llegado el momento de volver a casa. Te amo con el alma, con lo me queda de ella. Pronto volveremos a estar junt


Fragmento hallado en trinchera,
fechado el 14 de Septiembre de 2019,
Odessa, Ucrania